Palabras de Amado Franco en la entrega de ayudas "Docentes Referentes" de Fundación Ibercaja

El presidente de Fundación Ibercaja intervino agradeciendo la presencia a S.A.R la infanta Doña Sofía 

Presidente de Fundación Ibercaja
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Hay momentos en los que una institución explica quién es no por lo que dice, sino por aquello que reconoce. Hoy es uno de esos días para Fundación Ibercaja. Al entregar estas ayudas a los Docentes Referentes de nuestro país, no solo distinguimos trayectorias ejemplares o proyectos educativos de excelencia. Afirmamos una convicción profundamente unida a nuestra identidad desde hace 150 años: que la educación es la herramienta más poderosa para transformar la vida de las personas y, con ellas, el destino de una sociedad.

Hace unas semanas, en el congreso El Mundo que Viene, reflexionábamos sobre las grandes transformaciones de nuestro tiempo. Pero, mientras hablábamos del futuro, surgía una pregunta anterior a todas las demás:

¿Quién preparará a las próximas generaciones?. ¿Quién les enseñará a convivir con tecnologías que evolucionan más deprisa que nuestra capacidad para comprenderlas?. ¿Quién les ayudará a distinguir el conocimiento del simple dato, la información del ruido, la verdad de la apariencia?. La respuesta sigue siendo la misma que hace siglos: EL MAESTRO. LA MAESTRA.

El mundo cambia. Las herramientas cambian. Las profesiones cambian. Incluso cambia la manera de aprender. Pero permanece intacta una necesidad profundamente humana: que alguien nos acompañe en el descubrimiento del mundo y de nosotros mismos. Nunca había sido tan fácil acceder a la información. Y probablemente nunca ha sido tan importante saber pensar.

Esa es la misión de la educación: no preparar solo para adquirir unos conocimientos, para una profesión, sino preparar al alumno para la vida. La curiosidad, el pensamiento crítico, la creatividad, la responsabilidad, la cooperación y el deseo de seguir aprendiendo. Eso no lo enseñan las máquinas. Lo enseñan las personas. Y, entre todas ellas, nadie desempeña un papel más decisivo que un buen docente.

Para Fundación Ibercaja, esta convicción no responde a una moda. Forma parte de nuestra historia. Cumplimos ciento cincuenta años de compromiso con la sociedad. Ciento cincuenta años convencidos de que el progreso económico solo adquiere sentido cuando se convierte también en progreso social, cultural y humano. Y, dentro de esa misión, la educación ha ocupado siempre un lugar central. No es solo una línea de actuación. Forma parte de nuestro ADN.

Toda generación recibe un mundo que no ha construido y tiene la responsabilidad de entregarlo un poco mejor de como lo encontró. Educar significa creer que quienes vienen detrás podrán llegar más lejos que nosotros. Esa idea hunde sus raíces en la mejor tradición ilustrada aragonesa.  Los fundadores de la Real Sociedad Económica de Amigos del País son un gran ejemplo de ello. Nuestros ancestros entendieron algo extraordinariamente moderno: Que el conocimiento solo cumple su función cuando deja de ser patrimonio de unos pocos y se convierte en patrimonio de todos. Que enseñar es ampliar la libertad. Y que una sociedad educada no solo es más próspera. Es también más crítica, más innovadora, más abierta y más difícil de manipular.

Hoy seguimos creyendo lo mismo, con más razones que nunca. Porque la información, por sí sola, no construye conocimiento. Y el conocimiento, por sí solo, tampoco garantiza el criterio. La educación es el puente que une esas tres realidades. Informar transmite datos. Educar transforma personas.

Convocar estas ayudas en Zaragoza, capital de Aragón, tiene todo el sentido. No solo porque aquí radique nuestra sede social, sino porque Aragón ha sido, tierra de educadores. Aquí nació San José de Calasanz, adelantado a su tiempo. Y también Joaquín Costa o María Moliner, que comprendieron que ningún proyecto colectivo podía prosperar sin priorizar la educación. Lo sabía también Santiago Ramón y Cajal. No fue pedagogo en sentido estricto, pero sí un firme defensor de la educación, del esfuerzo y del talento. “Cualquier ser humano puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”.

Y quizá hoy convenga recordar algo más. Vivimos en una sociedad acostumbrada a la inmediatez. Queremos resultados rápidos, respuestas inmediatas, cambios visibles. La educación responde a otra lógica. Necesita tiempo y continuidad: La educación es un proceso, nunca un suceso. Nadie aprende a pensar en una mañana, ni descubre su vocación en una sola clase, ni construye su carácter en unas semanas. Todo eso requiere paciencia, esfuerzo, confianza y acompañamiento. Un arquitecto contempla el edificio que ha proyectado. Un ingeniero cruza el puente que ha construido. Un investigador conoce el resultado de su descubrimiento.

El docente, en cambio, rara vez llega a conocer la verdadera dimensión de su obra. Porque trabaja con el único material que nunca deja de crecer: el potencial humano. Quizá un profesor nunca llegue a saber que aquella niña insegura se convirtió en una gran médica; que aquel niño curioso y despistado terminó siendo investigador; que quien ocupaba el último pupitre fundó una empresa; o que uno de sus alumnos, sencillamente, aprendió a ser buena persona.

Y, sin embargo, esa es la grandeza de la educación. Sembrar sin esperar el reconocimiento. Confiar en las posibilidades de los demás incluso antes de que ellos mismos sean conscientes de su potencial. Por eso hoy reconocemos una vocación, una forma de servicio. Una profesión que cimenta, silenciosamente, el futuro.

Ese es el sentido de la convocatoria Docentes Referentes. Reconocer a quienes ayudan cada día a otros a descubrir todo aquello que pueden llegar a ser. La mayor obra de un maestro nunca lleva su firma. Lleva el nombre de sus alumnos. El futuro ni se improvisa, ni se hereda, ni se espera: el futuro se construye. Y, antes de construirse, se educa. Ese ha sido el compromiso de Fundación Ibercaja durante 150 años. Y seguirá siendo nuestro compromiso.

Acabo como empecé. Con un agradecimiento a su Alteza, la infanta Sofía por ostentar la presidencia de honor de estas ayudas a la investigación educativa que nacen con vocación de continuidad. También a sus majestades los Reyes y a su Alteza Real la Princesa de Asturias. La presencia de toda la Familia Real aquí manifiesta el compromiso de la Corona con esos valores que la Fundación Ibercaja quiere compartir con la sociedad española: La educación es el pilar de las sociedades justas, libres y prósperas”.

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