El valor de los certificados profesionales Inaem
Se cierra una puerta, se abre un certificado…
A finales de 2022, tras terminar una larga etapa profesional en una multinacional de moda, y con un proyecto de cine experimental entre manos (Kontrazinema Lab), surgió la oportunidad de realizar un certificado profesional de fotografía de INAEM en CPA. Fue uno de esos momentos de transición en los que no tienes del todo claro el siguiente paso, pero sí sabes que necesitas seguir avanzando, explorando y aprendiendo.
Nunca me había interesado especialmente la fotografía como forma de expresión artística. Mi trayectoria había estado siempre vinculada a la imagen en movimiento, al lenguaje cinematográfico y a la narrativa audiovisual. Sin embargo, al disponer de tiempo y encontrarme en un punto de inflexión personal y profesional, decidí probar, sin grandes expectativas, simplemente para experimentar nuevas sensaciones y abrir el campo de posibilidades.
Tuve la fortuna de ser seleccionado, y desde la primera clase de iluminación algo cambió. Recuerdo perfectamente ese primer contacto con la luz como elemento esencial, casi como materia viva, capaz de construir significado por sí misma. Aquella clase ya me cautivó. A partir de ahí, fueron seis meses intensos e inolvidables, llenos de aprendizaje constante, de descubrimiento y de crecimiento tanto técnico como personal.
Compartí ese proceso con compañeros y compañeras de enorme talento, cuyas miradas, enfoques y formas de entender la imagen enriquecieron profundamente mi experiencia. También con profesoras y profesores que no solo transmitían conocimientos, sino una manera de mirar, de analizar y de construir imágenes desde la sensibilidad, el rigor y la intención. Aprendí el valor de la luz, la importancia de la composición y, sobre todo, la necesidad de encontrar una mirada propia.
Raúl con su entusiasmo por el oficio, Cristina con la fantasía que aporta su mirada y Ferrán y Rosane con su perfecta ejecución del revelado digital, nos dieron las herramientas precisas para poder ser profesionales ahí fuera.
Año y medio después, puedo decir que aquella decisión marcó un antes y un después. Hoy me encuentro con un Accésit del Premio de Arte Santa Isabel de Portugal 2025 gracias a la serie “Sombra y Luz”, un trabajo que también me permitió formar parte de “Descubrimientos PHotoESPAÑA”. Además, fui finalista del Premio de Arte Ciudad de Barcelona con la serie “Keep the Faith”. Logros que, más allá del reconocimiento, representan un proceso de transformación y evolución personal, además de posicionar mi obra artística fotográfica en el mercado.
Lo que quiero transmitir con todo esto es claro: los Certificados Profesionales funcionan. No son una fórmula mágica ni garantizan resultados inmediatos, porque intervienen muchas variables y el camino nunca es lineal. Pero sí son una herramienta real y valiosa para reorientar una carrera, adquirir nuevas competencias y, sobre todo, entrar en contacto con profesionales del sector.
El profesorado aporta experiencia directa del mundo laboral, y el entorno del aula se convierte en un espacio de intercambio donde las diferentes miradas del alumnado generan una riqueza difícil de encontrar en otros contextos. En un mercado laboral cada vez más limitado y, en muchos casos, marcado por el edadismo, este tipo de oportunidades no deberían dejarse pasar.
Porque a veces, cuando se cierra una puerta, no se trata solo de esperar a que se abra otra. A veces, se trata de construirla. Y en mi caso, ese proceso comenzó con un certificado profesional INAEM.